Buenas noches. Hoy tenemos caras nuevas. Están recién llegadas tanto Susana Mejía como María Camila Contreras, que se han integrado en los últimos meses. Al final de la sesión, cuando ya estemos todos, les daremos una bienvenida más formal y más cordial.
Pero creo que especialmente para ellas, que llegan cuando hemos adelantado ya buena parte del libro, vale la pena hacer un pequeño resumen de los capítulos anteriores, para ubicar cómo llega Marie-Louise von Franz al capítulo 7, que trabajaremos hoy. Así que excúsame Eduardo que me extienda un poco en estos antecedentes y que te quite parte de tu tiempo.
Desde la introducción, Von Franz aclara que no va a hablar de la muerte desde el punto de vista médico, moral o religioso. Sino que su pregunta es más original y es: ¿qué dice lo inconsciente cuando una persona se aproxima a la muerte? Es decir, ¿cómo sueña el alma cuando el cuerpo se acerca al final? Para esta autora, los sueños no son simples fantasías ni vanos consuelos. Son expresiones profundas de la naturaleza psíquica.
En el capítulo 1, la autora plantea el gran problema de nuestra identificación con el cuerpo. Y es que decimos “yo” y casi siempre pensamos sólo en nuestro cuerpo. Y por eso la muerte resulta tan difícil de imaginar. Von Franz muestra cómo muchas culturas antiguas veían las cosas diferentes. Trataban el cuerpo muerto como si todavía conservara algo esencial de la persona. En Egipto, por ejemplo, vimos cómo el cadáver de Osiris era visto como un secreto. Es decir, que no era sólo un resto físico, sino un lugar donde comenzaba una posible transformación.
En el capítulo 2 aparece el símbolo vegetal asociado a la muerte. Semillas, trigo, árboles, flores, jardines. Vimos cómo la vegetación muere, cae a la tierra, y se descompone pero luego vuelve a brotar. Para Von Franz, estos sueños sugieren que la muerte no aparece en lo inconsciente sólo como final, sino como si participara en un ámbito más amplio de la vida.
En el capítulo 3 entra el lenguaje alquímico del matrimonio. Y vimos que acá la muerte aparece como una unión de opuestos: cuerpo y alma, masculino y femenino, arriba y abajo, vida y muerte. Y vimos también que allá donde el yo ve separación, el inconsciente puede estar imaginando una unión, una conjunción, una conciliación.
El capítulo 4 nos presenta la muerte como un nacimiento oscuro. Vimos sueños en que aparecen túneles, pasos estrechos, angustia y desaliento. Y es que Von Franz no es que vea la muerte como algo fácil o sólo luminoso. Sino que reconoce el miedo y la oscuridad. Pero muestra que esas imágenes pueden parecerse también a un parto psíquico.
En el capítulo 5, la muerte aparece personificada como un Otro, de manera algo ambivalente. Porque se muestra como un extraño, un visitante, o alguien que irrumpe. Pero que a veces es siniestro; y otras veces, es un guía o acompañante. Y lo más importante es que la muerte no aparece sólo como una idea abstracta, sino como una presencia con la que el alma debe relacionarse.
Y en capítulo 6, de la sesión pasada, vimos la muerte asociada a un proceso que pasa por fuego y por agua. Sabemos que el fuego quema, purifica y transforma. Y que el agua disuelve, lava y regenera. Y ambas son imágenes alquímicas de la muerte como transformación: en las que algo viejo debe deshacerse para que aparezca una forma nueva.
Para mí, tal vez ésta sea la gran originalidad del libro, y es que hemos visto en estos 6 capítulos que la muerte no aparece simplemente como castigo, como desaparición o como un final vacío. Sino que en los sueños, aparece como un tránsito, un pasaje, una purificación, una unión, un nacimiento y una transformación. Hemos visto cómo Von Franz nos invita a mirar la muerte no sólo desde el miedo del yo, sino también desde las imágenes más hondas del alma, que ve las cosas de una manera diferente.
Y así llegamos al capítulo 7, a cargo de nuestro compañero Eduardo Rodríguez, que nos habla ahora de qué ocurre con el cuerpo viejo, muy identificado con la voluntad del yo, y todas esas imágenes de sacrificio que también apuntan a una transformación.
Los dejo entonces con Eduardo.
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Resumen Capítulo 7
El sacrificio o el “tratamiento del cuerpo viejo”
Von Franz
Este capítulo gira alrededor de una idea central: antes de que alma y espíritu puedan reunirse con el cuerpo transformado, el “cuerpo viejo” debe pasar por una especie de sacrificio, disolución, desmembramiento o tratamiento ritual. Von Franz lo va mostrando con sueños de moribundos, rituales egipcios, alquimia, taoísmo, tantra, astrología médica y experiencias cercanas a la muerte. Es denso porque no desarrolla una sola línea argumental, sino muchas amplificaciones del mismo motivo.
El sacrificio del cuerpo viejo
El capítulo comienza con la idea alquímica de que el cuerpo, antes de poder recibir de nuevo el alma y el espíritu, debe ser transformado. Esa transformación aparece como fuego, tortura, sacrificio o disolución.
El primer sueño cuenta que un hombre debe ejecutar a otro, que puede ser él mismo o su mejor amigo. Para salvarlo, se ofrece como verdugo. Con un cuchillo de caza le corta la espalda a lo largo de la columna. Al despertar siente que jamás podrá satisfacer sexualmente a la joven que ama.
Von Franz, siguiendo a Barbara Hannah, interpreta que el hombre ejecutado representa una parte demasiado joven del soñador. Una parte ligada a aventuras sexuales, apetitos corporales y voluntad obstinada del yo. Esa parte no debe ser protegida. Debe ser sacrificada.
(Comentario junguiano posible: aquí “sacrificio” no significa castigo moral del cuerpo ni represión puritana de la sexualidad. Significa entregar una identificación infantil con los impulsos corporales para que pueda aparecer una instancia más profunda, el Sí mismo.)
El sacrificio como abandono del yo
Von Franz insiste en que sacrificar algo es dejarlo en favor de una instancia superior. En este caso, lo sacrificado no es simplemente el cuerpo físico, sino la adhesión del yo a sus deseos, a su voluntad y a su modo habitual de vivir.
Aparece luego el testimonio de un herido de guerra que, estando cerca de la muerte, siente una última lucha interior. La llama “la última lucha del alma antes del sacrificio”. De esa experiencia concluye que, si hay que dejar la vida con valentía, también hay que vivir con valentía.
(Comentario junguiano posible: el sacrificio aparece como una prueba límite. No se trata sólo de morir. Se trata de renunciar a la apropiación egoica de la vida. La muerte física pone en escena algo que también ocurre psicológicamente en los grandes procesos de individuación.)
El cuerpo glorificado en Egipto
El capítulo pasa luego al ritual egipcio de la momificación. Von Franz cita textos antiguos en los que cada parte del cuerpo del muerto es ungida con aceites, resinas, mirra, natrón, lino, oro, plata, lapislázuli, malaquita y otras sustancias. Estas sustancias son llamadas emanaciones de los dioses.
El cuerpo del difunto se va divinizando parte por parte. La cabeza, la columna, las manos, las piernas, los dedos, las entrañas, todo recibe un tratamiento simbólico. El muerto se transforma en Osiris. Su alma asciende. Su cuerpo queda en el mundo subterráneo. Sus imágenes permanecen en los templos. Vive en la eternidad y conserva juventud.
Von Franz entiende esto como un proceso alquímico de deificación. El cuerpo ya no es sólo materia muerta. Se convierte en imagen de lo inconsciente colectivo. Y la unidad de todos esos dioses se expresa en la imagen solar, es decir, en una figura del Sí mismo.
(Comentario junguiano posible: para dos participantes nuevas conviene aclarar que “inconsciente colectivo” no significa una memoria personal reprimida, sino una capa profunda de imágenes, patrones y símbolos universales. Y el “Sí mismo” no es el yo, sino el centro más amplio de la psique, que incluye y trasciende al yo.)
Ka, Ba y cuerpo transformado
En el pensamiento egipcio, el difunto no sobrevive como una simple “alma” separada del cuerpo. Hay varias dimensiones. El Ka, que puede entenderse como doble o sombra vital. El Ba, que se relaciona con la individualidad espiritual. Y el cuerpo transformado o glorificado.
La resurrección sería la unión de esas partes. No se trata de abandonar simplemente el cuerpo, sino de transformar el cuerpo en una forma sutil, simbólica, divina.
(Comentario junguiano posible: esta es una diferencia importante con ciertas ideas modernas más espiritualistas. Von Franz subraya que el cuerpo no queda simplemente descartado. El cuerpo debe ser tratado, transformado, simbolizado. La individuación incluye la materia.)
El sueño de las manos cortadas
Después aparece un sueño publicado por Edinger. El soñador debe encontrar a un hombre y cumplir una tarea impuesta por Dios. Tiene que cortarle las manos por las muñecas y unirlas de tal modo que formen una figura hexagonal. Luego debe quitar dos cuadrados de las manos para formar ventanas. El resultado es un símbolo misterioso, sagrado, incomprensible. Tanto el soñador como el hombre quedan agotados por el martirio.
Edinger interpreta las manos como instrumentos de la voluntad consciente. Cortarlas significa desprenderse de la voluntad del yo. El hexágono que aparece después sería una imagen del Sí mismo, o incluso una máscara primitiva del rostro divino. El número seis simbolizaría una unión de contrarios.
(Comentario junguiano posible: aquí el cuerpo se sacrifica en aquello que más expresa al yo: las manos, la acción, el hacer, el controlar. Al perder las manos, aparece una figura simbólica superior. Es decir, cuando fracasa el yo, puede aparecer una forma del Sí mismo.)
La mujer llevada al altar
Otro sueño, contado por Mark Pelgrin, pertenece a una mujer cercana a la muerte. Ella ve un grupo de hombres serios, vestidos con colores luminosos, esperándola para un ritual. Hay una camilla, una especie de altar, y ella siente que debe ser llevada allí y sacrificada a los dioses para ser curada por poderes interiores.
La idea vuelve a ser la misma. El cuerpo debe ser ofrecido para ser curado desde adentro. El sacrificio no destruye sin más. Sublima, transforma, conecta el cuerpo con potencias arquetípicas.
(Comentario junguiano posible: esta escena puede sonar violenta, pero simbólicamente expresa una entrega ritual. El cuerpo enfermo o moribundo es llevado a una instancia mayor, donde puede recibir una curación que ya no es médica sino espiritual o arquetípica.)
El caballo muerto y la vida animal
Von Franz cita luego un sueño enviado a Jung. Un caballo mágico ha muerto en batalla. El soñador debe cargar sus entrañas durante muchos años, hasta que el caballo vuelva a vivir, coma sus propios intestinos y el soñador pueda montarlo de nuevo.
Jung interpreta el caballo como el alma animal, alejada durante mucho tiempo. Al cargar las entrañas del caballo muerto, el soñador carga con la vida animal sacrificada. Pero esa vida animal contiene una dimensión espiritual latente. Cuando revive, permite una nueva relación con la fuerza instintiva.
(Comentario junguiano posible: el animal no representa algo inferior que deba eliminarse. Representa una base vital e instintiva que debe morir en su forma vieja para renacer de otro modo. La espiritualización no es enemiga del instinto; lo transforma.)
El cuerpo como microcosmos
El capítulo se abre luego hacia Oriente. En el taoísmo chino, el cuerpo humano es un microcosmos. Cada órgano corresponde a regiones del cielo, constelaciones, divinidades y funciones psíquicas.
El corazón es monarca. El pulmón organiza. El hígado planea. La bilis decide. Los riñones guardan energía. El intestino grueso se asocia con cambios y transformaciones. Cada órgano tiene su divinidad, su funcionario interior, su animal simbólico.
Hay un tigre blanco en el pulmón. Una tortuga y una serpiente en la vesícula. Un dragón en el hígado. Un fénix en el bazo. Un pájaro rojo en el corazón.
La idea es que las divinidades cósmicas también habitan en el cuerpo. Por eso la meditación puede dirigirse hacia las divinidades corporales. Al encontrarlas dentro, se encuentra también el Tao.
(Comentario junguiano posible: esto ayuda a explicar la idea junguiana de que el cuerpo no es sólo biología. También es lugar de imágenes. Ciertas fantasías, sueños o símbolos pueden estar ligados a órganos, funciones corporales o estados somáticos.)
Tantra y cuerpo sutil
Von Franz relaciona esto con el tantra hindú. En el tantra, el cuerpo también es reflejo del cosmos. Dentro del cuerpo material hay un cuerpo sutil, hecho de energía psicofísica. Esa energía se concentra en centros especiales, los chakras.
En ciertos rituales, el oficiante se adorna el cuerpo, se unge, se venera a sí mismo como forma divina. Cada parte del cuerpo adquiere naturaleza divina. Es parecido al ritual egipcio de momificación, pero realizado en vida.
También el sannyasin, el renunciante hindú, anticipa simbólicamente su muerte. Muere para el mundo antes de morir físicamente.
(Comentario junguiano posible: aquí se ve una diferencia importante: la transformación del cuerpo no ocurre sólo después de la muerte. Puede anticiparse en vida mediante un proceso simbólico, espiritual o iniciático. Esto se parece mucho a la individuación como muerte y renacimiento psicológico.)
Arquetipos en el cuerpo
Von Franz plantea una hipótesis interesante. Tal vez no sea sólo que proyectemos arquetipos sobre el cuerpo. Quizá algunos arquetipos estén ligados de manera real, aunque todavía misteriosa, a ciertas zonas o funciones corporales.
Menciona que sueños con serpientes o insectos a veces se relacionan con perturbaciones del sistema simpático. Esto le permite sugerir que hay un campo todavía poco explorado entre psicología profunda, cuerpo y símbolos.
(Comentario junguiano posible: esto no debe entenderse de forma literal. No se trata de decir “soñar serpientes siempre significa tal órgano”. Más bien, Von Franz abre la posibilidad de una relación profunda entre imagen arquetípica, cuerpo vivido y proceso psíquico.)
Astrología médica y Paracelso
En Occidente, estas ideas aparecen en la astrología médica. Los signos y planetas gobiernan partes del cuerpo. Escorpio los genitales. Capricornio las rodillas. Piscis los pies.
Paracelso retoma esta tradición. Para él, el ser humano tiene un firmamento interior. Un cielo dentro del cuerpo. Los planetas influyen sobre órganos y funciones. Saturno sobre el bazo. Júpiter sobre el hígado. El Sol sobre el corazón y la imaginación. Venus sobre los riñones. Marte sobre la bilis. La Luna sobre el cerebro.
Paracelso también habla de un cuerpo astral y de un Gran Hombre cósmico dentro de cada individuo. La momificación egipcia le interesa porque conserva y renueva el hombre interior espiritual, la imagen de Dios en el ser humano.
(Comentario junguiano posible: aquí puede aclararse que Jung valoraba la alquimia porque conservó una dimensión de la naturaleza y del cuerpo que el cristianismo tendió a espiritualizar o rechazar. La alquimia mantuvo viva la pregunta por la redención de la materia.)
La experiencia de Geddee
Luego Von Franz presenta una experiencia cercana a la muerte de sir Auckland Geddee. Él tiene una grave enfermedad gastrointestinal y siente que su conciencia se divide en dos.
Una conciencia A parece ser su yo verdadero, lúcido, separado del cuerpo. Una conciencia B pertenece al cuerpo. A medida que su estado físico empeora, la conciencia B se descompone en sensaciones corporales de cabeza, corazón e intestinos.
La conciencia A, en cambio, se siente fuera del cuerpo. Puede ver su cuerpo, la cama, la casa, el jardín, Londres, Escocia. También recibe enseñanzas de una fuente desconocida, a la que llama “mentor”. Luego vuelve al cuerpo con disgusto.
Von Franz interpreta que la conciencia B corporal se disuelve en sus componentes, como en una separatio alquímica. Pero duda de que sea una disolución definitiva. Podría ser una fase de transformación.
(Comentario junguiano posible: la separatio es una operación alquímica. Consiste en separar los elementos de una totalidad vieja para que pueda surgir una nueva forma. Psicológicamente, sería como cuando una identidad compacta se deshace en partes, afectos, imágenes y complejos antes de reorganizarse.)
La mujer del coma diabético
Otra mujer, salvada de un coma diabético, cuenta que veía cómo se la llevaban en trocitos. Cada trozo tenía colores distintos. Reconocía el hígado, el corazón, el pulmón. Los órganos formaban una combinación de colores intensa y bella. Luego era llevada al reino de la luz. Cuando tuvo que volver, los órganos se juntaron nuevamente.
Von Franz compara esta experiencia con la momificación egipcia. Allí cada órgano era asignado a dioses. Aquí los órganos se separan, aparecen con colores propios, y luego se reúnen. Es como si el cuerpo se descompusiera y se reconstituyera.
(Comentario junguiano posible: la belleza de los colores indica que la desintegración no es solamente horrorosa. Puede ser una diferenciación simbólica. Lo que estaba unido de manera inconsciente se separa, muestra sus cualidades, y luego puede volver a integrarse.)
El hombrecillo marrón
El caso más largo y complejo es el de un paciente sueco. En una experiencia cercana a la muerte, se encuentra en un lugar oscuro, pero se siente bien. Ve un muro alto y una escalera que sube hacia zonas cada vez más claras, hasta perderse en un rayo de luz.
Cerca de él hay un hombrecillo marrón, arrugado y quebradizo. Quiere subir la escalera hacia la luz, pero apenas puede moverse. Lleva un saco muy pesado. El soñador siente compasión y responsabilidad por él.
Una voz interior le dice que puede abandonar su cuerpo y subir hacia la luz. Pero también le dice que debe ayudar al cuerpo con su voluntad. El paciente duda. La oferta de abandonar el cuerpo le parece seductora. Pero decide luchar.
Entonces el hombrecillo avanza. Crece. El saco se vuelve más pequeño. Las piernas se enderezan. El paciente siente que ha encontrado a su amigo. Desde entonces ya no se siente separado de él. La voz habla desde dentro de él. Luego vuelve a su cuerpo en la clínica.
Hampe interpreta al hombrecillo como el cuerpo enfermo. Von Franz acepta parcialmente esa lectura, pero propone algo más fino. Para ella, el saco y el polvo de carbón remiten al cuerpo material, compuesto de carbono. Pero el hombrecillo no es simplemente el cuerpo. Es más bien un espíritu vital que vive en el cuerpo.
(Comentario junguiano posible: esta distinción es importante. El hombrecillo no es sólo “mi cuerpo enfermo”. Es una figura psíquica profunda, una especie de principio vital atrapado en la materia, que necesita ser acompañado en su ascenso.)
Zósimo y el homúnculo alquímico
Von Franz amplifica el hombrecillo con las visiones de Zósimo, alquimista del siglo III. Zósimo sueña con un sacerdote que es torturado, despedazado, desollado e incinerado hasta que su cuerpo se transforma en espíritu.
Luego aparece un homúnculo, un hombre pequeño, que explica que quienes entran en ese lugar de práctica se convierten en espíritus, huyendo del cuerpo. El proceso se relaciona con la momificación y con la transformación alquímica de la materia.
El sacerdote pasa por formas de bronce, plata y oro. Finalmente aparece un templo redondo de piedra blanca, con una fuente de agua purísima de la que brota luz solar.
Para Von Franz, el hombrecillo sueco se parece a este homúnculo alquímico. Es el spiritus rector, el espíritu guía de una transformación. Pero también es aquello que debe transformarse. Es materia corporal y, al mismo tiempo, quintaesencia espiritual del cuerpo.
(Comentario junguiano posible: el homúnculo es una figura muy útil para explicar a las participantes nuevas. Puede entenderse como una pequeña imagen del hombre interior. Algo frágil, primitivo, oscuro, pero portador de una posibilidad de transformación hacia una forma más íntegra.)
La Gran Obra
La voz le dice al paciente sueco que siempre quiso vivir algo grande y hacer algo grande, y que ahora tiene la oportunidad. Von Franz interpreta esto como una referencia a la Gran Obra alquímica: la transmutación de la materia y del ser humano.
El paciente puede ir hacia la luz y morir, o quedarse ayudando al hombrecillo. La voz no lo obliga. Pero lo alaba cuando decide colaborar con ese ser frágil.
Esto le permite a Von Franz establecer una idea muy fuerte: para el Sí mismo, la cuestión vida o muerte no es lo esencial. Lo esencial es la realización de la integridad interior. La vida física y la muerte física parecen secundarias frente a la Gran Obra de transformación.
(Comentario junguiano posible: esto no debe entenderse como indiferencia moral ante la muerte. Más bien, desde la perspectiva del Sí mismo, la pregunta decisiva no es sólo “vivir o morir”, sino si se realiza o no el proceso de integración profunda.)
El Ba egipcio y el amigo interior
Von Franz compara esta visión con el texto egipcio Conversación de un cansado de la vida con su Ba. Allí un hombre desesperado conversa con su Ba, una dimensión inmortal del alma. El Ba no le da simplemente una orden de vivir o morir. Lo conduce hacia una pregunta más profunda: la unificación con él, la recuperación de la integridad perdida.
Algo parecido ocurre con el paciente sueco. Al final dice que encontró a su amigo, que ya no se siente separado de él y que su voz habla desde dentro.
(Comentario junguiano posible: el “amigo interior” puede pensarse como una figura del Sí mismo o del alma guía. No resuelve el dilema desde afuera. Se convierte en una presencia interior que acompaña el proceso.)
La conclusión psicológica del capítulo
El capítulo concluye proponiendo que la disolución del cuerpo o de la conciencia corporal es una primera fase. Es el desmembramiento. La separatio elementorum. Pero esa desintegración no tiene por qué ser el final. Puede ser el comienzo de una reconstitución en un cuerpo sutil, pneumático o inmortal.
En términos alquímicos, se extrae una parte de la energía psíquica del cuerpo material y se reúne en un cuerpo sutil. En términos egipcios, el cuerpo muerto es embalsamado, deificado y reunido con las partes del alma. En términos junguianos, el cuerpo viejo, ligado al yo y a sus identificaciones, debe transformarse para que pueda aparecer una totalidad más amplia.
(Comentario junguiano posible: esta es quizás la frase guía del capítulo: no se trata de negar el cuerpo, sino de transformar la relación con el cuerpo. El cuerpo viejo, identificado con apetitos, control, enfermedad o materia bruta, debe pasar por una muerte simbólica para poder aparecer como cuerpo sutil, cuerpo imaginado, cuerpo arquetípico.)
Resumen muy corto para abrir la sesión
Este capítulo estudia el motivo del sacrificio o tratamiento del cuerpo viejo antes de la muerte. Von Franz muestra, con sueños, rituales egipcios, alquimia y tradiciones orientales, que el cuerpo no es simplemente abandonado, sino desmembrado, purificado, ungido, divinizado y reconstituido. El cuerpo viejo, ligado al yo y a sus impulsos, debe pasar por una transformación. Esa transformación puede aparecer como sacrificio, corte, fuego, momificación, descomposición de órganos o ascenso de un hombrecillo oscuro hacia la luz. Psicológicamente, el proceso expresa una separación de la identidad corporal ordinaria y una posible formación de un cuerpo sutil, más cercano al Sí mismo. La muerte, entonces, no aparece sólo como final biológico, sino como imagen extrema de una transformación arquetípica.

