Mapa del alma según Jung 1

Diapositiva 1: Portada — El Mapa del Alma

  • Buenas noches.
  • Hoy vamos a continuar con la segunda parte del libro El mapa del alma según Jung de Murray Stein, que a propósito le escribí a él para contarle que estábamos estudiando su libro, y me contó que había sacado una segunda parte de esa obra llamada Jung´s Map of the Soul: Deeper Explorations, que que no sabía si ya estaba a la venta. Para averiguarlos hablé primero con la traductora, que es una buena amiga mexicana, y luego con la editora. Y me dijeron que saldría el próximo mes y que me avisarían.
  • Yendo al capítulo, Jung utilizaba la palabra ‘mapa’ porque entendía que nuestra mente no es un espacio homogéneo; sino que tiene territorios, fronteras, zonas desconocidas y, sobre todo, un centro de operaciones desde el cual experimentamos la vida cotidiana.
  • En esta presentación, profudizaremos cómo se forma el Yo, cuáles son sus límites reales, cómo se relaciona con el cuerpo y por qué es una ilusión creer que somos totalmente dueños de nuestras decisiones.
  • Entonces comencemos imaginando que decidimos explorar una antigua ciudad medieval sin GPS y sin Wase.
  • El mapa que tenemos en las manos tiene áreas detalladas y otras marcadas como ‘tierra incógnita’ (o sea territorio inexplorado).
  • Esta presentación es ese mapa antiguo: nos va a ayudar a delimitar dónde termina el terreno pavimentado de nuestra consciencia y dónde empieza el inmenso y misterioso océano de nuestro inconsciente.

Diapositiva 2: La Naturaleza Psíquica del Yo

  • Empecemos por una pregunta básica: ¿dónde se apoya el Yo?
  • Tendemos a pensar que nuestro Yo se apoya directamente en nuestro cuerpo de carne y hueso.
  • Sin embargo, Stein nos explica algo revolucionario: y es que el Yo no se sustenta en el cuerpo físico, sino en lo que Jung llama un ‘soma psíquico’.
  • Eso significa que el Yo se apoya en la imagen mental que tenemos de nuestro cuerpo, o en la representación que tenemos de él, y no en el cuerpo de carne y hueso biológico.
  • Por eso, se puede decir qu el Yo es, en esencia, un factor estrictamente psíquico y mental.
  • Pensemos en el fenómeno del miembro fantasma.
  • Y es que una persona a la que le han tenido que amputar un brazo puede seguir sintiendo una piquiña insoportable o un gran dolor en los dedos de esa mano inexistente. ¿Por qué ocurre eso?
  • Porque el brazo físico ya no está, pero la ‘imagen mental del cuerpo’ (o se el soma psíquico) sigue intacto ben su cerebro.
  • Y el Yo interactúa con esa imagen mental, demostrando que nuestra identidad corporal es una creación de la mente.

Diapositiva 3: La Ubicación y los Límites de la Psique

  • Pero eso nos puede llevar a la pregunta de ¿Entonces la mente lo es todo? Y Jung era muy claro en decir que la psique es un territorio limitado.
  • Y es que vemos que el Yo llega a un límite donde ya no puede experimentar más cosas de forma consciente.
  • Al respecto, Jung rechazaba el ‘panpsiquismo’ —o sea, la idea de que todo en el universo es mente o espíritu—.
  • Y es que el cuerpo físico y el universo exterior son infinitamente más grandes que nuestra psique. Y Stein nos recuerda que chocamos constantemente con lo que Kant llamaba la ‘cosa en sí’. O sea con la realidad objetiva que existe fuera de nuestra interpretación mental.
  • Para entenderlo, consideremos la “luz infrarroja” o los ultrasonidos que escuchan los perros.
  • Esas ondas físicas de luz y sonido existen en el mundo real (o sea en «la cosa en sí»).
  • PERO nuestros ojos y oídos humanos no pueden percibirlas de manera consciente. ¿Por qué? Porque exceden el límite de nuestra estructura psíquica.
  • Así que la realidad exterior está ahí, pero nuestra mente solo puede experimentar una pequeña fracción de esa realidad.

Diapositiva 4: El Territorio Psicoide

  • Ahora, en los extremos más lejanos de la mente, alla donde la psique y el cuerpo físico se rozan, existe una misteriosa ‘zona gris’ que Jung llamó el territorio psicoide (=>). Ya habíamos hablado de esa zona y en el gráfico la habíamos llamado la Zona limítrofe, pero es la misma zona Psicoide.
  • No es totalmente psíquica, pero se comporta de forma muy similar a lo psíquico. Por eso se la llama zona ‘cuasi psíquica‘ .
  • En este espacio fronterizo es donde ocurren los fenómenos psicofísicos más extraños de la experiencia humana, como las curaciones espontáneas del cuerpo, los efectos de las emociones sobre los órganos o los fenómenos de sincronicidad.
  • (<=) Pensemos en alguien que recibe la noticia inesperada de la muerte de una persona amada. El impacto emocional es tan intenso que siente un dolor real en el pecho, falta de aire y alteraciones cardíacas.
  • En algunos casos extremos existe incluso el llamado ‘síndrome del corazón roto’, donde una conmoción psíquica produce una alteración física del corazón.
  • ¿Dónde termina aquí la emoción y dónde empieza el cuerpo?
  • Esa frontera difícil de separar emoción y cuerpo nos acerca al territorio psicoide.(=>)(=>)

Diapositiva 5: Ejercicio Cuando algo nos toca más de la cuenta

  • Cierren los ojos.
  • Piensen en una situación reciente en la que alguien dijo o hizo algo que, visto desde afuera, quizá no parecía tan grave, pero que produjo en ustedes una reacción especialmente intensa. (…)
  • Tal vez fue una crítica, una demora, una exclusión, una mirada, una falta de reconocimiento, una sensación de abandono, una injusticia o una pérdida de control de ustedes.
  • Lo importante es recordar un momento en el que después hayan podido pensar: ‘¿Por qué reaccioné así, de esa manera?’, ‘¿por qué eso me afectó tanto?’ o ‘¿por qué no pude manejarlo como normalmente lo haría?’
  • (…)
  • Si ya lo recordaron bien, ahora traten de responder ¿Qué ocurrió objetivamente?
  • ¿Qué sintieron en ese momento?
  • ¿Qué impulso apareció. ¿Serían deseos de defenderse, de salir de donde estaban, de atacar, de mostrarse complacientes, de quedarse callados?
  • ¿La intensidad de su reacción parecía mayor que la situación que enfrentaron?
  • Y algo importante: ¿Les recuerda esa sensación a algo que vivieron antes?
  • (…)
  • Ya pueden abrir los ojos.
  • Cuando una experiencia como la que recordaron toca una herida, toca un temor o un conflicto antiguo, puede activarse un complejo. Ya hablaremos luego de ese concepto de Complejo. Y es que algo profundo se mueve… y es que nuestro árbol entero comienza a tambalearse.

Diapositiva 6: Las Dos Bases del Yo (según Aion)

  • En su famoso texto Aion, Jung describe que el Yo se asienta en dos pilares: sobre una base corporal (o somática) y también sobre una base mental (o psíquica) .
  • Estas bases no son superficiales. Por el contrario, sus raíces se hunden profundamente en el inconsciente . Por fuera, en la superficie, el Yo se muestra racional, lógico y enfocado en la realidad.
  • Pero en sus estratos más profundos, el Yo es sumamente vulnerable a las emociones salvajes, a las fantasías, a los complejos y a cualquier ‘intrusión’ que surja de las profundidades del inconsciente.
  • Imaginemos un árbol enorme en medio de una tormenta. Pensemos que la copa del árbol es nuestra mente racional que intenta mantener el orden.
  • Sin embargo, si las raíces profundas (o sea, el inconsciente) sufren una sacudida debido a un trauma o a un complejo activo, todo el árbol se tambalea.
  • Como vimos en el ejercicio que acabamos de hacer.
  • Un simple olor o una palabra del pasado pueden hacer colapsar nuestra lógica en un segundo, desatando una tempestad emocional que no se puede frenar.

Diapositiva 7: El Yo y la Corriente de la Consciencia

  • Y es que acostumbramos creer que nuestro Yo es el dueño absoluto de todo lo que pensamos.
  • Pero Jung y el psicólogo William James explicaron que la consciencia es un flujo constante, y que el Yo es tan solo un pequeño punto de atención que flota en esa corriente .
  • De hecho, el Yo puede separarse de ese flujo y dejar que otra parte de la mente asuma el control automático de las cosas.
  • Es decir, que existe una ‘consciencia no yoica’ que se encarga de las operaciones rutinarias mientras nuestro Yo está enfocado en otra parte.
  • Un ejemplo clásico es lo que sucede cuando conducimos con el piloto automático. Vas manejando el auto de vuelta a casa por una ruta que conoces de memoria.
  • Y tu mente está completamente perdida pensando en qué vas a cenar o recordando una conversación.
  • De pronto, llegas a tu destino a salvo. Frenaste, usaste las luces direccionales y esquivaste obstáculos, pero tu Yo no estuvo prestando atención a la conducción.
  • Es decir que tu Yo estuvo ausente, y que fue tu consciencia no yoica la que se hizo cargo del volante de manera impecable.

Diapositiva 8: Crecimiento por Colisión

  • Pasemos ahora a otro tema. El de ¿cómo nace y cómo se fortalece nuestro sentido de identidad? Pues la respuesta es que no nace de la comodidad, sino de la colisión, del choque.
  • El Yo del bebé empieza a despertar cuando su cuerpo choca con el entorno. Por ejemplo, cuando tiene hambre, cuando frío o cuando se golpea.
  • Y así sigue la vida. A lo largo de la infancia, adolescencia y adultez, el Yo se nutre de los conflictos, de las dificultades y de las pequeñas dosis de sufrimiento y de frustración .
  • Estas exigencias del mundo nos obligan a adaptarnos y nos ayudan a descubrir dónde terminamos nosotros y dónde empieza el resto del mundo.
  • Piensen en un niño que aprende a montar en bicicleta. Si sus padres sostienen la bicicleta todo el tiempo y jamás lo dejan tambalearse, el niño nunca desarrollará el equilibrio ni la confianza de decir ‘yo puedo montar en bicicleta’.
  • Es a través del choque moderado, de la frustración de caerse, de rasparse la rodilla y de volver a levantarse (o sea, de la colisión), como su Yo desarrolla maestría y resiliencia.

Diapositiva 9: La Afirmación de la Voluntad Infantil

  • Hay una etapa en el desarrollo infantil que todos los padres conocemos muy bien: y son los llamados ‘terribles dos años’, que es cuando el niño empieza a decir ‘no’ a todo lo que se le pide.
  • Stein nos muestra que ese comportamiento no es simple rebeldía caprichosa; sino que es un ejercicio psicológico vital.
  • Al gritar ese ‘¡No!’, el niño está marcando su territorio mental, se está separando de sus padres y está naciendo como un centro independiente de voluntad, de control y de intencionalidad.
  • A veces ese niño de dos años al que le ofreces su comida favorita y grita: ‘¡No quiero!’ Y sin embargo, puede que la pida cinco minutos después.
  • Lo que realmente le importa en ese momento no es la comida. Es el placer y la necesidad psicológica de ejercer su poder de veto, de decir «no quiero» para comprobar que su voluntad es suya y de nadie más.

Diapositiva 10: Colisiones Catastróficas y el Yo Defensivo

  • PERO así como la frustración moderada fortalece el Yo, las colisiones demasiado fuertes o traumáticas en la infancia (como el abuso físico, el abuso sexual o el abandono emocional grave) producen el efecto contrario: y es que dañan y traumatizan al Yo naciente .
  • Cuando el entorno es demasiado hostil y abrumador, el Yo infantil no puede madurar de forma sana.
  • Por el contrario, se vuelve sumamente frágil y, para sobrevivir, construye un sistema defensivo primitivo y rígido, que lo aísla del mundo en un profundo retraimiento protector.
  • Son esos mecanismos de protección que a veces encontramos en los pacientes.
  • Imaginemos a un caracol que, cuando lo tocamos suavemente, se esconde un momento y luego vuelve a salir para explorar.
  • Pero si alguien golpea su caparazón con violencia, el caracol se recluirá en lo más profundo de su concha y no volverá a salir por días.
  • Y así pasa con una persona con trauma infantil severo. Funciona igual: y es que crea un muro defensivo invisible, desconfía de cualquier muestra de afecto y se aísla, porque aprendió que el mundo exterior es una amenaza constante.

Diapositiva 11: Tipos Psicológicos — Actitudes y Funciones

  • Y otro tema importante. Y es que para interactuar con la realidad, el Yo cuenta con un equipo de fábrica que Jung llamó Tipos Psicológicos .
  • Ese equipo consta de dos actitudes básicas: una es la introversión (que orienta la energía hacia el mundo interno) y la otra es la extraversión (que orienta la energía hacia el mundo exterior) .
  • (=>)
  • Supongamos que vemos acercarse a alguien. La Sensación nos dice: ‘Allá viene una persona’. El Pensamiento hace que nos preguntemos: ‘¿Quién será esa persona? ¿Qué irá a hacer?’. El Sentimiento dice: ‘Me gusta esa persona’ o ‘no me gusta’. Y la Intuición nos puede decir: ‘Siento que es una mala persona y que va a hacer algo malo´
  • (=>)
  • Esas son las 4 funciones en uno mismo. Pero veámoslas en diferentes personas en las que prima una función sobre las otras.
  • Imaginen a cuatro personas que van a visitar una casa histórica que está en venta:
    • El tipo Sensación se dará cuenta del ruido que hace la madera al caminar y del olor a humedad.
    • El tipo Pensamiento calculará de inmediato el precio por metro cuadrado y el costo de la hipoteca.
    • El tipo Sentimiento sabrá de inmediato si la casa tiene un clima acogedor y se imaginará las cenas familiares que puede hacer allí.
    • Y el tipo Intuición ignorará el estado actual de la casa y verá de inmediato es el potencial de diseño para remodelarla en el futuro.

Diapositiva 12: Ejercicio Reflexionando sobre su tipología

  • Reflexionemos ahora sobre la tipología de cada uno de ustedes.
  • Acá tenemos una escala en la que ustedes van a tratar de ubicarse en las dos actitudes y las cuatro funciones. Cópienla en un papel de manera general con un lápiz y tengan a mano un borrador.
  • Pero una advertencia. Antes de ubicarse en las escalas, no piensen en cómo les gustaría ser, o cómo deberían ser, ni en cómo han aprendido a comportarse ya sea por el trabajo, la familia o la profesión.
  • Piensen más bien en cómo son, en cómo les sale ser espontáneamente, sobre todo cuando están tranquilos y pueden ser ustedes mismos.
  • Primero, Extraversión e Introversión. Pregúntense: ¿dónde recupero mi energía? ¿En el contacto con otros, en la conversación y en la actividad con ellos. O por el contrario en la soledad, en la reflexión y su mundo interior?
  • Ojo: No se trata de si son sociables o tímidos. Un introvertido puede ser muy sociable y un extravertido puede necesitar momentos de soledad. La pregunta es hacia dónde se dirige naturalmente su energía. Y traten de ubicarse en la escala. (…)
  • Luego pasemos a la Sensación y la Intuición: Cuando observan algo nuevo, ¿qué aparece primero en ustedes? ¿Se fijan espontáneamente en los hechos, en los detalles, en lo concreto, y en lo que realmente está ahí? Eso apuntaría hacia la Sensación.
  • ¿O rápidamente empiezan a ver relaciones, significados, posibilidades, analogías, y aquello en lo que eso nuevo podría convertirse? Eso apuntaría hacia la Intuición. La primera apunta principalmente a lo que es; y la segunda, a lo que podría ser. Y cuando lo piensen, traten de ubicarse en la escala (…)
  • Y ahora vamos al Pensamiento y el Sentimiento: Cuando tienen que tomar una decisión importante, ¿qué criterio aparece primero? ¿Se preguntan qué es lo más lógico, coherente, objetivo y razonable? Eso correspondería al Pensamiento.
  • ¿O por el contrario se preguntan qué es lo más valioso para ustedes y para las personas implicadas? Qué armoniza mejor con sus valores? Eso correspondería al Sentimiento.
  • Y recordemos que ‘Sentimiento’ en Jung no significa ser emotivo ni ser sentimental, ni dejarse llevar por las emociones. Sino que es una función de valoración.
  • Recuerden que acá el Sentimiento evalúa. Y dice: esto me importa, esto no. Esto me parece bueno o malo. Agradable o desagradable. Justo o injusto. Es decir, no nos dice simplemente qué sentimos, sino qué valor tiene algo para nosotros. Listo?
  • Y ahora revisen la ubicación en cada línea. No tienen que ponerse necesariamente en un extremo. Pueden estar muy cerca del centro o claramente inclinados hacia uno de los polos. Lo interesante no es obtener una etiqueta, sino comenzar a observar cómo es que funciona su Yo.
  • Y si dudan entre dos polos, pregúntense cuál de los dos polos les resulta más natural y cuál han tenido que aprender. Porque a veces nuestra profesión y nuestra educación desarrollan muchísimo una función que no era originalmente nuestra preferida.
  • Y ahora resuman su Tipología en tres letras resumen. Por ejemplo, sin son Introvertidos (I), Intuición (N) y Sentimiento (F). Entonces son INF.
  • Bueno, listo. Esta es sólo una primera reflexión sobre el tema.
  • ¿Comentarios, dudas, preguntas?

Diapositiva 13: Adaptación y Conflictos de Tipología

  • Sobre lo último que les dije, insisto en que nuestra Actitud básica (ser introvertido o extravertido), es innata y tiene raíces genéticas .
  • Sin embargo, la sociedad, las familias o las escuelas a menudo no comprenden estas diferencias .
  • Si un niño es forzado a actuar con una tipología que no es la suya para complacer a su entorno, tendrá un costo psicológico terrible.
  • Vivirá con una desventaja constante, sintiendo que tiene que hacer un esfuerzo artificial y agotador para poder encajar.
  • Supongamos que un niño tiene una predisposición innata hacia la introversión, y es amante de la lectura y el dibujo en solitario, pero nace en una familia de deportistas ruidosos y extravertidos. Sus padres, muy preocupados, lo obligan constantemente a ser el centro de atención en las fiestas y lo castigan si se aísla.
  • Para sobrevivir, al niño le toca aprender a fingir ser una personalidad hiperactiva y sociable, pero por dentro se siente exhausto, vacío e inadecuado, porque está remando contra la corriente en su naturaleza.

Diapositiva 14: Jerarquía de Funciones Psíquicas

  • Ahora, el autor hace la aclaración que el Yo no utiliza las cuatro funciones cognitivas con la misma destreza.
  • ¿Por qué? Porque siempre desarrollamos una función superior (que es nuestra función estrella) apoyada por una función auxiliar secundaria.
  • Por el contrario, la cuarta función, llamada función inferior, queda rezagada, burda y casi inalcanzable en el inconsciente.
  • Jung observó que si nuestra función superior es extravertida, nuestra función auxiliar suele ser introvertida, logrando un sano equilibrio en la personalidad.
  • (=>)
  • Pensemos en un cirujano brillante y muy racional.
  • Su función superior es el Pensamiento y es capaz de operar bajo presión extrema con una lógica matemática perfecta. Pero en su vida personal, su función inferior es el Sentimiento.
  • Cuando discute con su pareja y ella llora o tiene un conflicto emocional, el cirujano se bloquea por completo, y termina reaccionando de forma infantil o fría, y no sabe qué hacer.

Diapositiva 15: La Ilusión de la Libertad Personal

  • Todo eso nos lleva a la Ilusión de la Libertad Personal.
  • Y es que a todos nos encanta creer que somos completamente libres y que gozamos de un libre albedrío absoluto .
  • Pero Jung nos invita a ser humildes. Porque nuestra libertad personal es bastante limitada.
  • Estamos fuertemente condicionados por nuestra estructura de carácter, por nuestros hábitos biológicos, por la presión del entorno y, sobre todo, por nuestros complejos inconscientes, que sabotean constantemente nuestras decisiones.
  • Ya pensamos en el primer ejercicio lo que pueden hacer nuestros complejos cuando se activan.
  • Pensemos en una mujer que tuvo una mala experiencia con una expareja y se prometió solemnemente: ‘Jamás volveré a salir con alguien que me trate con indiferencia’.
  • Sin embargo, seis meses después, ella termina enamorándose de alguien que tiene exactamente las mismas actitudes egoístas de su ex pareja.
  • Conscientemente cree que ejerció su ‘libre elección’, pero a nivel inconsciente, sus complejos internos le hicieron una mala pasada porque hicieron que repitiera el error sin que se diera cuenta.
  • Por eso lo de la Ilusión de la Libertad Personal.

Diapositiva 16: La Órbita del Yo y el Sí-Mismo

  • Y llegamos al final de nuestro mapa con la revelación más importante y, a la vez, la más desconcertante para nuestro ego: y es que definitivamente el Yo no es el centro de la psique.
  • Stein utiliza una hermosa metáfora astronómica. Dice que durante siglos, la humanidad creyó que la Tierra era el centro del universo. Hasta que Copérnico demostró que giramos alrededor del Sol.
  • A nivel psicológico, ocurre lo mismo. El Yo (al igual que la Tierra) no es el centro de nada. Es solo una pequeña consciencia periférica que orbita alrededor de un sol inmenso e integrador llamado el Sí-Mismo (o Self como aún lo llaman en algunos libros en español) .
  • El Sí-Mismo es el verdadero núcleo de nuestra totalidad psíquica, y eso es un hecho objetivo ante el cual nuestro Yo debe aprender a subordinarse.
  • (=>) Imaginemos finalmente a un exitoso hombre de negocios de 45 años.
  • Su Yo ha diseñado una vida perfecta de riqueza y estatus social. Pero de pronto, entra en una profunda crisis de la mitad de la vida; nada de lo que tiene le genera alegría y siente un impulso inexplicable por dedicarse al arte o a la meditación.
  • Su Yo lucha por mantener la rutina materialista, pero el Sí-Mismo (que es su sol interno) sabotea ese plan para obligarlo a integrar su verdadero propósito de vida.
  • Y eso comprueba que el Yo no manda; sino que debe aprender a orbitar su voluntad alrededor del Sí-Mismo.

Diapositiva 17: Percepción y Juicio — La aportación de Myers

  • Hasta ahora hemos hablado de las dos actitudes y de las cuatro funciones descritas por Jung. Pero Isabel Myers para elaborar su prueba MBTI añadió después otra distinción que puede ayudarnos a completar el cuadro. Y es la preferencia por la Percepción, P, o por el Juicio, J.
  • La persona que prefiere la Percepción tiende a mantener las cosas abiertas. Le gusta disponer de tiempo para observar qué ocurre, recibir nueva información y aprovechar oportunidades inesperadas. Puede aplazar una decisión porque piensa: ‘Todavía podría aparecer algo mejor’.
  • En cambio, la persona que prefiere el Juicio se siente más cómoda cuando puede decidir, organizar y cerrar. Prefiere saber qué se va a hacer, establecer un plan y avanzar hacia una conclusión. Su tendencia sería pensar: ‘Ya tenemos suficiente información; decidamos y sigamos adelante’.
  • Los franceses Cauvin y Cailloux utilizan una imagen muy sencilla: ante el dilema del huevo y la gallina, el tipo P se interesa por el huevo porque allí todavía está la posibilidad de algo nuevo. El tipo J se inclina hacia la gallina porque representa algo ya definido y organizado.
  • Imaginen que un grupo está organizando un viaje. La persona P puede decir: ‘No reservemos todavía; esperemos a ver qué aparece, quizá encontremos algo más interesante’.
  • La persona J probablemente dirá: ‘Definamos de una vez el hotel, los horarios y las reservas para quedarnos tranquilos’.
  • No quiere decir que unos perciban y otros juzguen. Todos hacemos ambas cosas. La diferencia está en cuál actitud preferimos mostrar frente al mundo: o bien mantener abiertas las posibilidades o bien ir tomando decisiones y dando estructura.
  • En resumen, P mantiene abiertas las posibilidades; J busca darles forma y cierre.

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Diapositiva 18

  • En resumen, P mantiene abiertas las posibilidades; J busca darles forma y cierre.
  • Pero con este cuentionario, los guiará a definir pronto si pertenecen más a una u otra variable

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Diapositiva 19

  • Bueno y ahora pueden ya completar sus cuatro letras que definen su tipo de personalidad según el test MBTI

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4. Introducción
Buenas tardes. Bueno, les cuento que vi que este capítulo era tan largo, que vi la necesidad de dividirlo en dos presentaciones.
Y ya saben ustedes que pueden hacer lo mismo con sus exposiciones, pues lo importante es que el material sea leído en profundidad, y acompañado siempre que sea posible con ejercicios.
Comenzaré con unas palabras acerca la introducción que hace Murray Stein antes que iniciar el tema de su primer capítulo.

  • Menciona que mientras el siglo XX exploraba el espacio exterior, Jung dedicaba su vida a explorar el espacio interior. Stein lo presenta como un pionero que se adentra en un territorio todavía desconocido y que, a lo largo de esa exploración, va trazando un mapa de la psique.
  • Este libro sería, entonces, una especie de “mapa de un mapa”: un intento de ordenar los conceptos que Jung fue desarrollando de manera dispersa a lo largo de su obra y mostrar la unidad profunda que existe entre ellos.
  • Pero Stein insiste también en que el mapa no es el territorio. La teoría puede orientarnos y ofrecer líneas generales, pero no sustituye la experiencia viva de la psique, que sigue siendo misteriosa y cambiante. Cada persona tiene que descubrir por sí misma el contenido concreto de ese territorio interior.
  • Esto ayuda a entender por qué Jung no construyó un sistema cerrado. Su pensamiento se alimenta de la observación clínica, de los mitos y las religiones, pero también de sus sueños, visiones y experiencias de imaginación activa.
  • Por eso Stein habla de una teoría coherente, aunque no rígidamente sistemática: un sistema abierto que intenta describir la psique sin reducirla.
  • Y desde allí comienza el recorrido del libro: por la parte más cercana y accesible del mapa, la superficie, es decir, el yo y la consciencia.

5. La Superficie de la Psique (Yo y consciencia)

  • Vamos ahora con el primer capítulo. En él vamos a iniciar un viaje fascinante por la cartografía de la mente humana propuesta por Carl Jung.
  • Imaginen que somos exploradores ante el mapa de un territorio inmenso y misterioso, que es el de nuestra propia psique.
  • El punto de entrada a este mapa, o sea la «superficie» más visible y cotidiana con la que interactuamos a diario, es la consciencia, y justo en el centro de ese espacio se encuentra el Yo o Ego (que es su expresión en latín).
  • Y este es un tema poco estudiado por muchos junguianos, que consideran que lo realmente importante es el inconsciente.
  • Pero, aunque nos parece algo obvio estar despiertos y saber quiénes somos, la consciencia es en realidad una estructura psicológica profundamente compleja y llena de enigmas que la ciencia aún intenta responder.
  • Hoy vamos a desvelar qué es ese «Yo» y cómo funciona la superficie de nuestra mente.

6. El Instrumento de obervación

  • Antes de empezar a medir o analizar cualquier cosa en el mundo, un científico debe calibrar su instrumento.
  • En psicología ocurre algo único y es que el instrumento de observación es nuestra propia consciencia.
  • Incluso para investigar el inconsciente, debemos partir de contenidos que se vuelven conscientes.
  • Por eso Jung quería empezar examinando las capacidades, limitaciones y funcionamiento de la consciencia.
  • Ademas, cada psicólogo y cada una de sus teorías están limitados por sus propios creencias. .
  • Por eso, Jung decía que toda psicología es, en última instancia, una «confesión personal».
  • Stein menciona la famosa frase de San Agustín: «Creo para poder entender». Es decir, las teorías se basan en creencias.
  • En la vida cotidiana, a menudo confundimos nuestras creencias con «conocimientos reales» simplemente porque nos resultan familiares.
  • Por eso es necesario un escrutinio. Como se dice en la diapositiva: para que la psicología sea una ciencia, requiere examinar críticamente el instrumento que utiliza para efectuar sus descubrimientos.
  • Para contrarrestar esta distorsión, Jung dedicó años a estudiar los diferentes «estilos de conocer», lo que dio origen a su famosa teoría de los tipos psicológicos (que al final trabajaremos).

7. El Yo como Centro del Campo de la consciencia

  • ¿Qué es exactamente el Yo? En Aion, que fue su obra de madurez, Jung define al Yo como el sujeto de todos los actos personales de la consciencia.
  • Es decir, el Yo es un centro de gravedad en un espacio que llamamos «campo de consciencia».
  • Este campo contiene nuestra «personalidad empírica», es decir, nuestra personalidad tal y como la experimentamos y conocemos directamente en el día a día.
  • Y el Yo es el núcleo que unifica nuestras acciones cotidianas.
  • Cada vez que dices o experimentas verbos como «yo dispongo», «yo deseo», «yo reflexiono» o «yo actúo», estás experimentando al Yo en pleno funcionamiento.
  • Si decides levantar la mano o elegir qué vas a desayunar, es este centro subjetivo el que reclama la autoría de esa acción.

8. El Espejo de la Psique

  • ¿Cómo interactúa el Yo con lo que nos rodea? Jung propone que el Yo funciona como un espejo en el que la psique puede verse a sí misma. Y de esa manera volverse consciente.
  • Para que un pensamiento, una emoción o una percepción de la realidad se vuelva «consciente», no basta con que exista en la mente; tiene que ser atraído, capturado y reflejado por el Yo.
  • Si el Yo no lo refleja, ese contenido permanece en la penumbra del inconsciente (que, por definición, es todo eso que no sabemos o desconocemos).
  • Piensen en cuando tienen una idea «en la punta de la lengua» que apenas logran distinguir.
  • Esa idea está flotando en la periferia de la mente.
  • Solo cuando logran enfocar su atención en ella y «apropiarse» de la idea, el Yo la refleja con nitidez y pasa a formar parte de su consciencia.
  • Si no es capturada por la superficie reflexiva del Yo, simplemente se desvanece en el olvido.
  • Otro ejemplo: yo puedo estar concentrado leyendo mientras suena el reloj de la habitación: tic-tac, tic-tac. Ese ruido llega y mi sistema psíquico lo registra, pero yo no soy consciente de él.
  • En el momento en que de pronto digo: “ve, estoy oyendo el reloj”, en ese momento, ese contenido ha entrado en relación con el yo y se ha vuelto consciente.

9. El yo no es toda la psique

  • Este me parece uno de los puntos que conviene destacar mucho.
  • De una parte, la distinción entre contenidos conscientes e inconscientes. Dice Stein: «La consciencia es lo que sabemos, Inconsciente es todo lo que no sabemos».
  • Ahora, se aclara que algunos contenidos reflejados por el yo pueden estar en la consciencia y allí ser examinados y manipulados, mientras que otros permanecen fuera de la consciencia, ya sea temporal o permanentemente.
  • Una manera de representar lo anterior puede ser imaginando un gran círculo dividido en la parte consciente y la inconsciente. El yo estaría arriba como centro de la consciencia.
  • La parte inconsciente son contenidos no conscientes y que, sin embargo, pertenecen a la psique inconsciente.
  • La conciencia del yo es apenas una superficie dentro de una realidad psíquica mucho más extensa.
  • Aquí comienza ya a insinuarse toda la arquitectura posterior del libro.

10. Consciencia como un Percatarse

  • ¿Qué es estar consciente? En su nivel más básico, estar consciente significa percatarse, darse cuenta, estar despierto, observar y registrar lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros.
  • Jung nos recuerda que la consciencia no es un logro exclusivo del ser humano adulto; es una cualidad de la vida misma.
  • Los animales observan y reaccionan de manera precisa a su entorno, e incluso las plantas muestran sensibilidad hacia el medio ambiente.
  • Stein relata una conmovedora escena descrita por un amigo que presenció el nacimiento de su hija.
  • Segundos después de nacer, tras limpiarle los ojos, la recién nacida abrió los párpados y miró a su alrededor, absorbiendo su entorno de manera activa.
  • Ese simple abrir de ojos ya es un signo innegable de consciencia en su estado más puro y esencial, demostrando que no depende de la edad ni de la educación académica.
  • Así que depende por supuesto de la vista, pero también del resto de sentidos.

11. La Habitación de la Consciencia

  • Para comprender la relación entre la consciencia y el Yo, Jung utiliza una hermosa analogía espacial: la consciencia es como una habitación.
  • Los pensamientos, los recuerdos, las emociones y las imágenes que pasan por nuestra mente a lo largo del día son los «huéspedes» o los muebles que llenan temporalmente ese espacio.
  • Sin embargo, la habitación en sí misma (o sea la consciencia) es previa al Yo y trasciende a esos contenidos.
  • Posteriormente llega el yo que se convierte en su centro y empieza a enfocar cosas.
  • Una manera gráfica en que lo representaría es como esa habitación a oscuras y el haz de la linterna del yo que alumbra ciertos objetos. En la imagen, el yo se enfoca en un libro. “Yo estoy viendo ese libro”.
    Pero sabemos que hay otros objetos cercanos o lejanos en la habitación que podrían ser enfocados por la luz del yo. Pero habrá otros que están permanentemente fuera de la habitación y son los que estarían en el inconsciente.
  • Y a veces la habitación puede estar vacía. Pensemos en las víctimas de accidentes cerebrovasculares.
  • Estas personas a veces sufren la pérdida total de su memoria, olvidan cómo hablar o no pueden reconocer los rostros de sus seres queridos.
  • Es decir, sus «muebles mentales» habituales han desaparecido.
  • Sin embargo, la «habitación» sigue existiendo: la persona sigue estando consciente, despierta y experimentando la realidad
  • Eso demuestra que la consciencia es más resistente que los recuerdos o los datos específicos que almacena.

12. Ejercico reflexivo: Lo llamaría Moviedo el foco del Yo

  • Vamos ahora a hacer algunos ejercicios.
  • Hasta hace un momento, su Yo estaba centrado en mis palabras y en las diapositivas. Vamos a observar cómo ese centro puede desplazarse hacia contenidos muy diferentes.
  • «Cierren los ojos y lleven ahora su atención a un recuerdo de la infancia. No busquen uno especial: dejen que aparezca alguno. Traten de ver dónde están, quiénes están presentes en ese recuerdo, qué edad tienen, qué ocurre? (20-30 seg)
  • Ahora abandonen esa escena y recuerden un sueño reciente: una imagen, una situación o una emoción (…) Dejen también ese sueño.
  • Ahora imaginen deliberadamente un lugar conocido: una playa, una montaña, una casa (…). Vean cómo el yo puede producir o sostener una imagen que no está físicamente presente
  • Abran los ojos y elijan un objeto de la habitación. Obsérvenlo con atención durante unos segundos: forma, color, textura. Por un momento ese objeto ocupa el centro de su consciencia.»
  • Fíjense en lo que acaba de ocurrir en el ejercicio: el contenido de la consciencia cambió una y otra vez, y sin embargo había un centro capaz de dirigir la atención hacia cada uno de esos contenidos. Ese centro es le Yo y las diferentes imágenes que recordaron son elementos de su consciencia.
  • Una última pregunta: piensan que su Yo ha cambiado a lo largo de la vida?

13. El Núcleo Innato del Yo

  • Muchas personas creen que nuestra identidad o nuestro «Yo» es algo que se construye únicamente con la crianza, la educación y el paso de los años.
  • Pero Jung sostiene lo contrario. Decía que el núcleo esencial del Yo es innato y que viene dado con el nacimiento.
  • Es un centro virtual de consciencia que nos acompaña desde que somos bebés hasta la vejez.
  • Piensen en la asombrosa continuidad de su identidad a lo largo de la vida.
  • Claro que Stein dice que sigue abierta la pregunta de saber si el «Yo» cambia esencialmente a lo largo de la vida.
  • Pero también se puede pensar que el «Yo» que lloraba desesperadamente por su madre a los dos años de edad es, en su núcleo esencial, el mismo «Yo» que llora la pérdida de un ser querido a los cuarenta y cinco, o el que contempla la vida a los ochenta años.
  • Que los contenidos de la habitación de nuestra consciencia cambian constantemente, pero que seguimos experimentándonos como la misma persona.
  • El Yo organiza recuerdos, pensamientos, emociones y experiencias alrededor de ese núcleo estable que nos permite decir «Yo sigo siendo yo»
  • Es como si ese centro permitiera una continuidad temporal, conectando pasado, presente y futuro y organizando las experiencias como la historia de una misma persona.
  • Por eso, muchos adultos se conmueven profundamente al reencontrarse con el «niño que llevan dentro».
    No es una figura de fantasía, sino el reconocimiento de que ese niño y el adulto de hoy son exactamente la misma identidad individual.

14. El Yo: Lugar del albedrío y la decisión

  • Y fíjense que después del ejercicio podemos ver que el Yo es el centro de energía de nuestra mente, alrededor del cual se organiza nuestra personalidad.
  • Funciona como una gran central ejecutiva que organiza todos los contenidos de la consciencia y los ordena según prioridades.
  • Por eso, decimos que el Yo es el lugar de la toma de decisiones y del libre albedrío.
  • El Yo no es algo egoísta en el sentido moral. Simplemente es una estructura neutra y absolutamente necesaria para interactuar de forma ordenada con el mundo.
  • Cuando dices «Voy a ir a la Oficina de Correos», tu Yo ha tomado una decisión ejecutiva.
  • En ese momento, actúa como un director de orquesta que moviliza tu energía física y emocional para caminar hacia allí, dándole una instrucción clara a tu mente: «Ve a la oficina y no te distraigas dando un paseo por el parque».
  • Sin este centro organizador, estaríamos a merced de cualquier estímulo y seríamos incapaces de completar una sola tarea.
  • Pero ya sabemos que ese centro no es omnipotente. A veces creemos que ese Yo lo puede todo. Y no. Por experiencia sabemos que es relativa esa creencia de ser dueños absolutos de nuestra vida interior.

15. La Fuerza del Yo

  • Además, no todos los «Yoes» tienen la misma resistencia. Jung habla de la fuerza del Yo, que se mide por su capacidad para actuar como un poderoso imán.
  • Un Yo fuerte es capaz de mantener integrados grandes volúmenes de datos, concentrarse en metas a largo plazo y, lo más importante, resistir las tormentas emocionales sin desmoronarse.
  • En cambio, un Yo débil se dispersa con facilidad y es «secuestrado» rápidamente por los impulsos.
  • Imaginen que están trabajando en un proyecto crucial y, de repente, reciben una mala noticia o sienten una oleada de frustración.
  • Una persona con un Yo fuerte puede contener esa emoción, «ponerla entre paréntesis» temporalmente y seguir enfocada en su labor.
  • Alguien con un Yo débil, ante la menor frustración, abandonará la tarea, se dejará llevar por el enojo o se distraerá con el teléfono, perdiendo el foco y la motivación de manera inmediata.

16. Ejercicio reflexivo

  • Ahora vamos a probar algo diferente. Ya vimos que el Yo puede dirigir la atención. Veamos si puede traer a la consciencia cualquier cosa que quiera.
  • Cierren de nuevo los ojos. «Piensen ahora en qué desayunaron ayer.» (…) Listo? Lo lograron? Lo curioso es que hace unos segundos ese contenido no estaba en la consciencia, pero estaba accesible y con una simple instrucción aparece. Esto ilustra muy bien tus objetos “cercanos al haz de la linterna”.
  • «Ahora intenten recordar algo que sus padres o familiares les hayan contado que ustedes hicieron cuando eran muy pequeños, pero que ustedes mismos no recuerdan. (…) Saben que ocurrió. Pueden incluso representárselo imaginativamente. Pero observen la diferencia: el yo no puede recuperar ese recuerdo como experiencia propia.» El yo puede dirigirse hacia un contenido, pero no necesariamente puede hacerlo consciente en forma de recuerdo auténtico. Puede saber “acerca de” ese recuerdo, imaginarlo, reconstruirlo, pero no recuperar lo que no está disponible.
  • «Finalmente, intenten recordar el nombre de algún profesor de primaria que saben que conocieron pero cuyo nombre ahora no les viene a la mente.» (…) Si no lo recordaron, fíjense que, al igual que con los otros recuerdos, ahí aparecen límites muy claros: uno dirige voluntariamente el foco, busca, insiste… pero el contenido no puede aparecer.
  • Ya pueden abrir los ojos.
  • Así que el Yo puede mover la linterna, pero no controla completamente lo que logra iluminar. Algunos contenidos están muy disponibles, otros aparecen con dificultad y otros permanecen fuera de su alcance.
  • Lo que quería que experimentaran era lo de la imagen de la linterna: el yo puede mover el foco de luz; algunos contenidos entran fácilmente en la luz, otros aparecen con dificultad y otros permanecen en la oscuridad, aunque sabemos que forman parte de nuestra historia psíquica.

17. La Ilusión del Cine

  • Y el límite no consiste solamente en que hay contenidos que no podemos traer a voluntad. También sucede lo contrario: hay estímulos y emociones que entran con tanta fuerza en nuestra consciencia que terminan apoderándose de nosotros.
  • Aunque nos gusta creer que somos completamente libres, Jung nos advierte que nuestra libertad real es limitada.
  • Con mucha facilidad somos influenciados por estímulos internos o externos, perdiendo nuestra capacidad de observar de forma neutral.
  • Aunque quisiéramos ser como una cámara de video que solo registra la realidad de manera pasiva, terminamos involucrándonos emocionalmente y reaccionando ciegamente.
  • Jung nos invita a pensar en la experiencia de ir al cine. Al inicio, entramos a la sala sabiendo que lo que veremos es solo una proyección de luces en una pantalla.
  • Sin embargo, a los pocos minutos nos identificamos tanto con los personajes que empezamos a sudar, reír o llorar.
  • Stein relata incluso casos extremos de personas tan atrapadas y cautivadas por las emociones de la película que, al salir del cine, cometen actos impulsivos de violencia o lujuria.
  • Se volvieron prisioneros de la ilusión del estímulo y perdieron su albedrío.

18. El Despertar del Yo

  • ¿Cuándo empezamos a ser conscientes de nosotros mismos?
  • Hay un hito evolutivo crucial que ocurre alrededor de los dos años de edad: el despertar del Yo verbal.
  • Antes de ese momento, el niño pequeño vive en un estado de consciencia difusa y suele referirse a sí mismo en tercera persona.
  • El texto menciona cómo un niño de año y medio dice «Nene quiere comer» o «Sarah va a jugar», viéndose a sí mismo desde fuera.
  • El paso hacia la autoconsciencia se consolida cuando el niño empieza a usar el pronombre «Yo». Es decir, cuando por fin dice «Yo quiero», da un salto cuántico, pues se posiciona conscientemente en el centro de su propio universo cognitivo.
  • En su libro autobiográfico Recuerdos, sueños, pensamientos, Jung narra que recordaba con total precisión el día en que, a los 13 años, mientras iba camino a la escuela, sintió de repente que salía de una «niebla» y tuvo la revelación fulminante: «¡Ahora soy yo mismo! Ahora existo».

19. Ejercicio reflexivo

  • Vamos a hacer un ejercicio muy breve.
  • Cierren los ojos por un momento.
  • Escuchen internamente su propio nombre. No lo digan en voz alta. Simplemente escuchen cómo suena cuando alguien los llama por ese nombre.
  • Imaginen ahora que, desde mañana, nadie vuelve a llamarlos así. Tienen otro nombre completamente distinto. Sus amigos, su pareja, sus hijos, todos utilizan ese nuevo nombre.
  • Pregúntense: ¿qué habría cambiado realmente en mí? ¿Seguiría siendo yo? ¿Dónde siento que está eso que permanece siendo ‘yo’, aunque mi nombre haya cambiado?
  • Ahora vayamos un poco más lejos. Imaginen que su cuerpo pudiera cambiar considerablemente: su edad, algunos rasgos físicos, incluso su sexo corporal. Imaginen, por ejemplo, que mediante intervenciones médicas su cuerpo llegara a parecer el de una persona del otro sexo.
  • Pregúntense nuevamente: ¿qué habría cambiado? ¿Y qué sentirían que sigue siendo profundamente ‘yo’?
  • No traten de responder intelectualmente. Simplemente busquen por unos segundos aquello que, detrás del nombre, de la apariencia y aun de los cambios corporales, experimentan como continuidad de ustedes mismos.
  • Sigan con los ojos cerrados. Ahora lleven la atención al cuerpo.
  • No intenten cambiar nada. Simplemente observen qué pueden sentir.
  • Quizás puedan notar la respiración, algún latido, tensión en una parte del cuerpo, calor, frío, el contacto de los pies con el suelo, el peso del cuerpo sobre la silla, alguna molestia o alguna sensación agradable.
  • Permanezcan unos segundos atentos a todo aquello que pueden percibir directamente de su cuerpo.
  • Ahora pregúntense: mientras estaban atentos al cuerpo, ¿podían sentir lo que estaba haciendo el hígado? ¿Los riñones? ¿La circulación de la sangre? ¿La actividad de las células? ¿Podían percibir directamente lo que estaba ocurriendo en el cerebro?
  • Abramos ahora los ojos.
  • ¿Qué partes de su cuerpo pudieron experimentar directamente y cuáles quedaron completamente fuera de su experiencia?
  • (Esperar algunas respuestas)
  • Esto que acabamos de experimentar nos permite distinguir entre el cuerpo como organismo real y el cuerpo tal como aparece en nuestra experiencia psíquica.

20. Personalidad 1 y Personalidad 2

  • Y a medida que crecemos, nuestro Yo no se queda desnudo, sino que empieza a cubrirse con una capa protectora y de identidad que proviene de la cultura, la familia y la sociedad.
  • Jung llamó a esto la distinción entre Personalidad 1 (nuestro Yo innato, nuclear y esencial) y Personalidad 2 (el recubrimiento cultural que vamos adquiriendo con la educación y las experiencias de vida).
  • Piensen en su propio nombre personal. El nombre es un artefacto cultural que nos dan nuestros padres al nacer.
  • Cuando un ser querido, un hijo o nuestra pareja pronuncia nuestro nombre con cariño, ese sonido toca los puntos más íntimos de nuestro sentimiento de identidad.
  • Sin embargo, el nombre no es el Yo real. Hay personas que deciden cambiarse legalmente de nombre y, a pesar del cambio externo, siguen siendo exactamente la misma persona en su interior.
  • El nombre es parte de la Personalidad 2 (el ropaje social), pero el núcleo interno (Personalidad 1) permanece intacto.

21. El Anclaje en el Cuerpo

  • El Yo está profundamente arraigado en el cuerpo físico, o sea en el soma.
  • ¿Hasta qué punto el Yo está limitado al cuerpo? Nuestra primera impresión sería decir que «Yo» soy este cuerpo.
  • Podemos pensar esta pregunta en relación con las personas transgénero. Una persona puede modificar su apariencia corporal y sus características sexuales mediante tratamientos hormonales y cirugías. Y preguntarnos si conserva esa sensación de continuidad de su yo.
  • Es el caso de un paciente hombre que llegó a contarme que había nacido mujer y se había hecho las cirugías para convertirse en hombre. Desafortunadamente no lo pude tratar porque tuvo que viajar. Pero me queda el gran interrogante de lo que hubiera podido transmitir al respecto.
  • Stein dice que el Yo está profundamente arraigado en un cuerpo, pero saber qué tan profunda es esa conexión es una pregunta que queda abierta al debate.
  • El autor dice que tiene la sospecha de que el Yo efectivamente trasciende el cuerpo, aun cuando su relación con el cuerpo nos parezca tan fuerte.
  • Pero es un hecho que el Yo experimenta un temor instintivo y profundo hacia la extinción física, pues teme que la muerte del cuerpo signifique la propia desaparición del Yo. Eso nos lleva al tema de la muerte que exploramos en el libro pasado.
  • Sin embargo, para Jung, el Yo no está estríctamente limitado al cuerpo, sino que se sustenta en dos bases diferentes: la somática y la psíquica.
  • En otras palabras, que nuestra identidad se sustenta en dos mundos: el mundo físico y el mundo mental.
  • Hay otro aspecto que reslta Stein. Constantemente estamos recibiendo estímulos internos de nuestros órganos (sensaciones endosomáticas, como los latidos del corazón, la respiración o la digestión).
  • Pero, aunque algunos de estos estímulos cruzan el umbral de la consciencia y los sentimos físicamente, la gran mayoría de los procesos de nuestro cuerpo ocurren de manera silenciosa e inconsciente.
  • Aún así, somos un puente viviente entre la materia de nuestro cuerpo y la energía de nuestra mente.

22. Los Umbrales de la Psique

  • Para cerrar esta primera parte del mapa de la mente, debemos entender que las fronteras de la psique/soma no son muros de piedra rígidos, sino umbrales fluidos.
  • Jung identifica tres umbrales principales: el primero es el de nuestra consciencia psíquica cotidiana, el segundo es el inmenso océano del inconsciente psíquico, el tercero es la base corporal, con los procesos puramente biológicos y automáticos de nuestro cuerpo.
  • La idea principal es que el yo es fundamentalmentepsíquico, ya que está ligado al cuerpo pero no es idéntico a él.
  • Esto conduce a una de las preguntas más ineresantes del capítulo: ¿dónde termina exactamente la psique y dónde comienza el cuerpo? Jung no ofrece una frontera rígida.
  • Ya demostramos en el ejercicio que procesos biológicos como la circulación de la sangre o el funcionamiento de muchos órganos, gobernados por el sistema nervioso simpático; normalmente, el Yo no tiene ningún acceso a ellos.
  • Sin embargo, existen casos asombrosos, como los yoguis entrenados de la India, que son capaces de alterar voluntariamente la temperatura de la palma de su mano en más de diez grados, o incluso detener los latidos de su corazón a voluntad.
  • Esto nos demuestra que entre los umbrales entre lo psíquico y lo somático hay una Zona limítrofe flexible con procesos que pueden cruzar de lo somático a lo psíquico y viceversa.
  • Así que la relación entre el Yo, la mente y el cuerpo es un territorio fascinante y lleno de secretos que apenas estamos empezando a explorar.

1. Murray Stein

  • Murray Stein es un analista junguiano, psicoterapeuta, escritor y conferencista.
    Nació en Canadá pero todos sus estudios fueron en Estados Unudos. 
  • Tiene 83 años.
  • Estudió en la Universidad de Yale, en el Instituto C. G. Jung de Zurich y en la Universidad de Chicago. Miembro fundador de dos sociedades norteamericanas. Expresidente de la Asociación Internacional de Psicología Analítica (IAAP) (2001-2004).
  • Entre sus numerosas publicaciones (casi 40) se destacan las dos obras traducidas al español El mapa del alma según Jung (2004) y El principio de Individuación (2008).

2. Un gesto decisivo

  • Para ADEPAC y para la SCAJ, es una persona a quien le debemos mucho. Les cuento por qué.
    En 2004 el congreso internacional Junguiano se iba a realizar en Barcelona. Yo tenía mis grupos de estudio pero tenía desde entonces la idea de crear una sociedad Junguiana en Colombia.
  • Por eso, le pedí el favor a nuestro hijo que estaba residiendo en Barcelona que me inscribiera al congreso. Y cual no sería mi sorpresa cuando me dijo que no lo había podido hacer porque el presidente de ese entonces de la sociedad española de entonces, el analista Pera Segura, había dado la instrucción de que solo podían inscribirse analistas Junguianos.

3. De aquel gesto a la SCAJ

  • Me pareció tan absurda la razón que le escribí directamente a Murray Stein que estaba terminando su presidencia de la IAAP, contándole mis intenciones de formar una sociedad colombiana y las dificultades para participar en el congreso. Me respondió de inmediato, diciendo que me inscribiera, indicando que tenía su visto bueno.
  • Ese fue el inicio de nuestra sociedad. Allá conocí al italiano Luigi Zoja, quien nos propondría la creación de ADEPAC como grupo de desarrollo de la IAAP durante 9 años y que en 2013 permitiría que en Copenhague nos tituláramos los primeros analistas Junguianos y fundáramos la SCAJ que es la sociedad colombiana de la que el próximo año saldrán los 9 primeros colegas titulados en Colombia, con el aval de Zurich.

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